La pandemia producida por el SARSCoV-2 ha obligado a cambiar el modelo social establecido. La población se ha visto sometida a aislamientos intermitentes, encerrada en sus hogares y con la tensión constante de no saber qué va a ocurrir. El distanciamiento social predice un impacto negativo en la salud mental. Y, así, ya lo ha podido demostrar la OMS, con un informe científico que destaca un aumento significativo de la depresión y la ansiedad durante el primer año de la pandemia.
A este informe, se le suma un estudio publicado en la revista The Lancet Public Health. Los resultados indican que las personas contagiadas estaban más expuestas a padecer síntomas depresivos hasta más de un año después del diagnóstico. La población que permaneció en cama durante siete días o más fue un 60% más propensa a experimentar trastornos de salud mental.
“Los síntomas mentales y físicos adversos a largo plazo siguen siendo una importante preocupación para la salud pública ahora que se cumplen dos años de la pandemia”
Catedrática de epidemiología en la Facultad de Medicina de la Universidad de Islandia.
Las mujeres, el género más afectado
Según el CIS, el Centro de Investigaciones Sociológicas, en el primer año de pandemia las mujeres doblan el índice de acudir a un profesional de la salud mental por algún síntoma. Las dos enfermedades que más destacan son la ansiedad (un 43,7%) y la depresión (un 35,5%). Entre los principales factores se encuentran la desigualdad laboral y la sobrecarga familiar.
La población joven, la más olvidada
Esta encuesta pone también el foco en las personas entre 18 y 34 años. Nuestros jóvenes, en plenos años de sus vidas, han tenido que experimentar una de las crisis sanitarias más fuertes de las últimas décadas. Se han visto abocados a reducir sus círculos sociales, al aislamiento y a la incertidumbre. Por ello, este grupo de edad es el que más ha frecuentado los servicios de salud mental. Los datos recogen que tienen los índices más altos de ansiedad y tristeza.
La protección de la infancia
Los menores también se han visto afectados. Entre los más pequeños han aumentado hasta un 37% los trastornos mentales según el Grupo de Trabajo Multidisciplinar, en un comunicado sobre Salud Mental en la Infancia y Adolescencia, formado por la Sociedad de Psiquiatría Infantil (SPI), la Sociedad Española de Urgencias Pediátricas (SEUP) y la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap).
Antes del 2020 se estimaba que hasta el 20% de los niños y adolescentes sufría de algún trastorno mental. Con el transcurso del virus, alertan que la ansiedad, la depresión y los diagnósticos de TDAH se han multiplicado por tres o cuatro desde 2019. Los comportamientos suicidas también han aumentado hasta un 59%.
Plan de actuación
La Confederación de Salud Mental España reivindica aumentar la inversión para incrementar la atención comunitaria. Antes de la pandemia, los recursos destinados a salud mental ya no eran suficientes para cubrir la demanda. Ahora, es más que necesario dotar con recursos a los ámbitos implicados e implementar medidas de acompañamiento y apoyo psicológico.
“La actual situación está teniendo importantes efectos sanitarios, sociales, económicos, laborales y personales, que afectan a la salud mental tanto de aquellas personas que ya tenían un problema de salud previo, como a aquellas otras que se encuentran en situación de riesgo de desarrollarlo.”
Fuente: Confederación de Salud Mental España
Los datos y aportaciones de entidades y grupos expuestos apuntan el foco hacia una mayor preocupación y dedicación a la salud mental en la época post covid, poniendo ápice en los grupos más vulnerables como las mujeres y los niños. La ansiedad o la depresión no debe caer en la normalización y deben tratarse como trastornos mentales a manos de profesionales desde el ámbito de la psicología hasta el de psiquiatría.