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Coronavirus, otro caso más de histeria colectiva

 

Parece que no aprendemos. La alarma sanitaria que se ha creado en torno al brote de coronavirus de Wuhan no es un fenómeno aislado. En lo que va de siglo XXI, ya contamos con un gran número de casos parecidos a nuestras espaldas.

Ahora, una vez más, la sociedad vuelve a dejarse llevar por el pánico y por un miedo irracional e infundado, que le impide adoptar una postura crítica y reflexiva. Sobre todo, frente a la amplificación –e, incluso, dramatización– que se le está dando en los medios de comunicación. Porque sí, que un reportero de la CNN transmita desde China sobre la enfermedad mientras lleva puesta una máscara facial cuando no hay nadie cerca que pueda infectarlo, se llama dramatización. Aunque no hace falta ir tan lejos. En España, un informativo de una cadena de televisión generalista dedica 8 minutos de un total de 31 a la epidemia. Es decir, más de un cuarto de su tiempo. Todo esto, mientras se explica al espectador que nuestro país se encuentra en una zona de bajo riesgo en el contagio del coronavirus.

Constantemente, se habla en los medios sobre el elevado número tanto de infecciones como de muertes, señalando repetidamente que la afección es mortal, como si el resto de virus con los que estamos familiarizados no fueran igualmente mortales. Esto no deja de ser un ejemplo más que demuestra el ataque de histeria que estamos viviendo. De hecho, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, la tasa de mortalidad por la gripe común, en proporción a las hospitalizaciones, va de 9 a 17%. Esto se traduce en un porcentaje considerablemente más alto que el del virus de Wuhan. Además, las personas con más probabilidades de morir son los mayores de 65 años, con problemas respiratorios graves o sistemas inmunológicos debilitados, del mismo modo que ocurre con la gripe. Ergo, si no tenemos miedo de la gripe, ¿por qué deberíamos tenerlo de este nuevo virus?

Otros casos memorables

El coronavirus no es la primera –ni la última– afección que ha disparado la alarma entre la población. Fue en 1996 cuando vivimos el último capítulo de histeria colectiva del siglo XX. El popularmente conocido como mal de las vacas locas comenzó a transmitirse a los seres humanos a través del consumo de animales infectados. Sin embargo, pese al número de casos de personas afectadas por la enfermedad, aparecieron estudios que empezaban a plantearse si la gran cantidad de información, que poco a poco pasó del ámbito científico a las tertulias populares, estaba justificada.

Ya en el siglo XXI, el foco mediático se puso sobre el síndrome respiratorio agudo grave, más conocido como SARS por sus siglas en inglés. Un año más tarde, en 2004, las aves estuvieron en el centro de atención al transmitir una enfermedad infecciosa vírica a otros animales. El contagio a personas acabó siendo escaso, pese al temor que se despertó en torno a la conocida como gripe aviar. En 2009, la historia se repetía con la gripe A, aunque acabó registrando una tasa de mortalidad menor, incluso, que la de la gripe común. Por último, en 2014, el ébola también disparó el miedo al contagio cuando empezó a haber infectados en países del primer mundo como España.

Coronavirus de Wuhan

Reacción desmesurada

Ahora, analizando todas estas cuestiones con perspectiva, queda claro que la reacción, tanto de los medios como de la población en general, fue desmesurada. Sobre todo, teniendo en cuenta que España contaba en la mayoría de los casos con los recursos necesarios para evitar la extensión de las enfermedades. Bien es cierto que el coronavirus ha hecho saltar todas las alarmas en China –donde ya se han detectado más de 72.430 contagios–. Pero, también es verdad que nuestro sistema de asistencia sanitaria, tal y como ha asegurado el Sistema Nacional de Salud, está preparado para hacer frente a la situación.

La experiencia es un grado, pero en este caso no nos ha servido de mucho, pues seguimos repitiendo los mismos patrones una y otra vez. De hecho, la situación ha llegado a tal punto que la propia Organización Mundial de la Salud (OMS) se ha visto obligada a lanzar una campaña para combatir los falsos mitos que circulan sobre el coronavirus, con la intención de evitar que la histeria siga propagándose, como si de una auténtica epidemia –de desinformación– se tratara.

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