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Lea las instrucciones de este medicamento y ¿consulte a su influencer?

«Me recupero del cold con unas bolitas, no me gustan los antibióticos». Esta es la frase con la que, tras el correspondiente filtro de Instagram, Marta Carriedo se convirtió en la cabeza visible de un fenómeno contra el que trata de luchar la comunidad de profesionales sanitarios a diario: la difusión de bulos en salud y pseudoterapias en las redes sociales.

Esta influencer, con 567.928 seguidores en Instagram, ha saltado a los portales informativos por recomendar una pomada antibiótica para tratar infecciones tras un piercing o unos sobres homeopáticos para recuperarse de un flu que arrastraba. La alarma suena cuando se tiene en cuenta que Internet es la primera fuente de información científica para un 40,3% de los ciudadanos según la Encuesta de Percepción Social de la Ciencia para 2018 del FECyT. La cifra se duplica si hablamos de menores de 30 años

El de Carriedo es solo un ejemplo de los muchos boticarios sin formación que predican bulos en salud y pseudoterapias en las redes sociales. Algunos de ellos han sido señalados por Guillermo Melgar (@FarmaciaEnfurecida) en un hilo de Twitter. El quid de la cuestión es que muchas de estas soluciones requieren de receta médica. Por no hablar de la estricta regulación de la publicidad de medicamentos que ha encontrado un nuevo desafío en la era de los instagramers.

Pseudoterapias a la carta

En este universo encontramos también gurús de pseudoterapias que campan a sus anchas a través de los conocidos como chamanes de Instagram. “Si algo me cuadra, no me hace falta que esté demostrado científicamente”, fue el argumento esgrimido por la itgirl Miranda Makaroff (385.000 seguidores) para defender las tesis de Francisco Moya, un curandero para quien toda enfermedad tiene su origen en el estado de ánimo del paciente.

Se les disculpa el desliz a las mencionadas cuando su caso se compara con el de Gwyneth Paltrow con sus constantes consejos sobre salud que inundan titulares y su marca Goop. La superestella hollywoodense ha construido un megaimperio de las pseudociencias sobre el que ya nos habló La Gata de Schrödinguer y cuyo valor se sitúa por encima de los 250 millones de dólares a base de vender huevos de Jade para la vagina.

Comparte primero, pregunta después

No hace falta señalar únicamente a las caras más conocidas. La comunidad de las redes sociales en su conjunto es un constante hervidero de bulos en salud. Según un estudio publicado por la revista Science, las informaciones falsas obtienen un 70% más retuits que las veraces. La aspirina es el último grito en redes, habiéndosele otorgado falsos beneficios para el acné en su uso tópico o para la disfunción eréctil.

Si a esto se le suma el pánico ante el nuevo coronavirus, sobre el que la información va más despacio que la especulación, tienes el caldo de cultivo perfecto para las fake news. La OMS ha desmentido ya varios bulos que han corrido como la pólvora. Desde tener que negar la efectividad -y recordar el peligro- de rociarse alcohol o cloro para matar el virus o que el ajo ayude a prevenir la infección.

En el último Estudio sobre Bulos en Salud del Instituto #SaludsinBulos, el 63% de médicos en Atención Primaria afirma haber recibido pacientes preocupados por un problema que resultó ser un bulo. Un 77% lo achaca, precisamente, al consumo de estas informaciones falsas a través de redes sociales y de WhatsApp. La mayoría de estas consultas están relacionadas con las pseudoterapias, seguidas de bulos sobre alimentación y cáncer.

¿Hay tratamiento, doctor?

Ante este panorama existen, al menos, tres soluciones. La primera viene de las propias instituciones médicas y farmacéuticas, y desde los propios gobiernos. La reacción más reciente ha sido la campaña #MedicamentosSinBulos del Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos y el Instituto #SaludsinBulos, que se han unido a algunos de los divulgadores de salud para elaborar un decálogo para facilitar a los usuarios la distinción de una información fiable sobre medicamentos en las redes.

El buscador Google ha llegado a un acuerdo con la OMS para indexar primero los resultados de la Organización | amrothman

La segunda se origina en las propias plataformas. Google ha llegado a un acuerdo con la OMS para que los primeros resultados de la búsqueda “coronavirus” sean los de la propia Organización. Sin embargo, en la trinchera del día a día todavía es difícil actuar y poner filtro a estos mensajes.

Muchos de los aliados se encuentran, precisamente, en las redes: divulgadores científicos o hashtags como #SaludsinBulos, #StopPseudociencias o #coNprueba señalan a diario centenares mensajes irresponsables. El usuario de a pie también puede combatirlas: rompiendo la cadena de difusión cuando les llega un bulo e invitando a quienes los comparten a reflexionar sobre la fiabilidad de lo que envían.

La tercera pata del tratamiento, quizás la más fundametal, es la prevención y profilaxis a través de educación de la ciudadanía en salud. La falta de conocimiento y comprensión de los conceptos más básicos de medicina, epidemiología y farmacología, del método científico en su conjunto, se encuentran tras la viralidad de bulos y pseudoterapias en la red. Y esto requiere de una intervención quirúrgica más profunda.

1 respuesta a «Lea las instrucciones de este medicamento y ¿consulte a su influencer?»

[…] Cuando hace unos meses el Consejo General de Colegios de Farmacéuticos (CGCF) detectó un aumento de la demanda de unas toallitas contra el acné, investigó un poco y descubrió, para su sorpresa, que se debía a que varias influencers hablaban maravillas de este producto en sus canales de YouTube. Podría tratarse de una promoción comercial más si no fuera porque estas toallitas son un antibiótico que precisa receta médica y que, como tal, no puede publicitarse. Y no es el único caso. […]

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