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«Llévate 3 y paga sólo 2»

Que la gente se aglutine en plazas y parques pone de relieve que la ciudad no tiene espacios de recreo pero sí establecimientos y tiendas. Las ciudades no están pensadas para la vida sino para el consumo”. Esta frase circulaba a principios de mayo por redes sociales. Chapó.

La población mundial saliendo progresivamente del confinamiento decretado por la crisis del coronavirus. Primeros días de fase 0. Y Twitter ardía en imágenes de paseos marítimos abarrotados de gente, aglomeraciones en parques y plazas.

El nuevo coronavirus SARS-CoV-2 ha desencadenado una crisis mundial sin precedentes en las últimas décadas. Y la paralización de la actividad económica ha sido una de las consecuencias. Hemos estado comprando únicamente alimentos y productos básicos, sin ir a grandes almacenes, sin tomar aviones, desplazándonos únicamente lo imprescindible. Y lo que es más importante: nos hemos dado cuenta de que podemos vivir así. Por otro lado, las consecuencias del respiro que estamos dando a la naturaleza se han hecho de cada día más evidentes.

Hiperconsumo y la industria textil

En una sociedad que vive para y por el consumo, esta situación inédita nos permite disfrutar de un momento de reflexión. ¿Cómo dar una respuesta real y viable a la crisis ambiental? Entre los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenibles (ODS) establecidos por la ONU en 2015, en el puesto número doce encontramos: “Garantizar modalidades de consumo y producción sostenibles”.

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En una sociedad que vive para y por el consumo, esta situación inédita nos permite disfrutar de un momento de reflexión.

Replantearnos el sistema actual de consumo es seguramente uno de los mayores retos que tenemos como sociedad. En el ámbito del consumo sostenible, la moda representa un desafío sin precedentes. La industria textil es el segundo sector más contaminante del mundo después del aéreo. Y el auge de la fast-fashion (moda rápida) contribuye a que siga aumentando. Este modelo se basa en la fabricación veloz y barata de prendas y en un tiempo muy corto de uso de las mismas.

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Estamos ante una producción y un consumo descontrolados. Las colecciones de los escaparates se renuevan cada tres semanas. La falsa sensación de obsolescencia incentiva un hiperconsumo insostenible, que el bajo coste de las prendas hace posible. Ropa de usar y tirar. Una investigación del Greenpeace cifra en 95% el porcentaje de ropa desechada que está en óptimas condiciones para ser reutilizada.

Estamos ante una producción y un consumo descontrolados

El precio medioambiental de la fast-fashion

Según un artículo publicado recientemente en la revista Nature Reviews “Earth & Environment”, el sector textil produce más de 92 millones de toneladas de desechos al año. En este estudio, liderado por investigadores finlandeses, se analiza el impacto ambiental de toda la cadena de suministro de la moda. A los residuos textiles, se añaden principalmente el uso de agua, la contaminación química y las emisiones de CO2. El sector textil consume 1,5 billones de toneladas de agua al año. La situación se agrava con los vertidos tóxicos a los ríos y aguas subterráneas en los países de producción de bajo coste. Además, la industria textil genera altísimas emisiones de CO2, especialmente en la producción de poliéster. Junto con el sector de producción de aluminio, es la industria que más contribuye en la huella de carbono en la atmósfera.

El sector textil produce más de 92 millones de toneladas de desechos al año

Más allá del impacto medioambiental, la moda a bajo coste va frecuentemente ligada a la vulneración de los derechos humanos y explotación laboral, tanto de adultos como infantil. Pero ése es otro tema.

Necesitamos un cambio urgente de paradigma. Desterrar la falsa necesidad de hiperconsumo que ha generado el sistema actual y avanzar hacia una moda sostenible. Potenciar la economía circular, comprando ropa de segunda mano y utilizando los residuos textiles como una nueva materia prima.

La actual situación de emergencia ha puesto en valor lo que es esencial -y lo que no lo es-. Trabajemos para que los aprendizajes que saquemos de esta pandemia dejen huella (positiva) en nuestro planeta.


Autora: Ana Montaner Pizá (@anamonpiz)

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