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Pseudoterapias y teorías conspiranoicas en tiempos de COVID-19

Vivimos en un mundo en el que los avances científicos están a la orden del día y el acceso a la información es más fácil que nunca, pero a pesar de esto, en los últimos años estamos asistiendo a un importante aumento de terapias pseudocientíficas y teorías conspiranoicas.

Según el Ministerio de Sanidad, que en 2019 lanzó el Plan de Protección de la Salud frente a las Pseudoterapias, se incluyen dentro de esta categoría todas aquellas sustancias, productos, actividades o servicios con pretendida finalidad sanitaria que no tienen soporte en el conocimiento científico, ni evidencia científica que avale su eficacia y su seguridad. El principal problema de este tipo de terapias, que en España causan entre 1200 y 1400 muertes al año, es perder la oportunidad de aplicar tratamientos que sí está demostrado que funcionan, o sufrir retrasos en su aplicación, con las consecuencias que esto trae.

Estamos acostumbrados a conceptos como la homeopatía o el reiki, pero con la aparición de la COVID-19 han surgido tal cantidad de falsas terapias, bulos y teorías conspiranoicas, que la OMS ha tenido que pronunciarse acerca de situaciones a priori tan obvias como que beber lejía no cura la enfermedad. Durante este primer año de convivencia con el coronavirus, hemos visto al presidente de los Estados Unidos sugerir inyecciones de desinfectante, a 700 personas morir intoxicadas en Irán tras consumir metanol, o la gran repercusión del MMS, un compuesto tóxico para el cuerpo humano.

¿Por qué ocurre esto en el mundo actual, en el que los avances científicos nos han dado varias vacunas para una enfermedad desconocida en menos de un año, y en el que nunca habíamos tenido tanta información al alcance de todos?

Con la aparición de una nueva enfermedad, ante la que inicialmente la medicina carece de una respuesta satisfactoria, surgen y encuentran su hueco estas teorías conspiranoicas que tratan de dar una explicación y las falsas terapias que buscan proporcionar una cura. Se dio una situación muy parecida cuando el devastador virus causante del SIDA hizo su aparición en los años 80, desatando teorías de todo tipo: operación a gran escala de la CIA, castigo divino que solo afectaba a hombres que mantenían relaciones homosexuales, reducción intencionada de la población, etc.

El nuevo boca a boca que surge con las redes sociales, y una libertad de expresión cogida con pinzas, hacen que este tipo de situaciones, que con perspectiva vemos absurdas, calen a una velocidad nunca vista en determinados sectores de la sociedad o en personas susceptibles debido a su situación emocional, económica o educativa.

Uno de las principales cuestiones que debemos tener en cuenta es que, debido al exceso de información, la necesidad imperiosa de los medios de generar visitas, y el altavoz que suponen las redes sociales, se ponen al mismo nivel todo tipo de noticias y se deja que sea la sociedad quien filtre y decida. Evidentemente, el impacto de lo que diga cualquier celebrity, famoso o influencer va a ser enorme y tener una repercusión muchísimo mayor que la que pueda tener un artículo científico. Durante la pandemia hemos sido testigos de las teorías conspiranoicas de Miguel Bosé, del apoyo a las protestas negacionistas de Bunbury o de los consejos de Paula Gonu para hacer frente a la enfermedad. ¿Tienen ellos la culpa de que sus palabras hayan tenido tanta repercusión? ¿Hasta qué punto deberían callarse sus opiniones, a sabiendas de su influencia en la sociedad? ¿Es culpa de los medios por hacerse eco de todo este tipo de situaciones?

Europa Press

Hace unos meses, un programa de La Sexta hablaba con un médico negacionista del coronavirus. En este programa, el médico decía cosas como: “No se ha contagiado nadie, es una farsa. Cuando miran la temperatura con la pistola láser, están incidiendo en el cerebro y provocando, a la larga, que la gente se suicide”. ¿Por qué se le da un altavoz tan grande a algo que no tienen ningún tipo de fundamento y es, a todas luces, falso? Cabe preguntarse si al hacerlo lo que se busca es informar de algo que ocurre en la sociedad, a pesar de que el porcentaje de personas que piensen así sea ínfimo, desacreditar este tipo de opiniones, o simplemente buscar visitas y generar contenido.

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