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Neurobiología de la adicción: ¿qué nos hace dependientes?

El alcohol, el tabaco o la cocaína; alimentos como el chocolate, o incluso acciones cotidianas como ir de compras o jugar a videojuegos. Existe una larga lista de cosas que pueden llegar a crearnos adicción, pero ¿cuáles son los mecanismos neurológicos que nos hacen dependientes de una sustancia o de un hábito?

El circuito de recompensa

Los mecanismos de adicción tienen mucho que ver con lo que se conoce como circuito de recompensa. Este sistema asocia el placer a situaciones cotidianas con el objetivo de que se repitan de nuevo; es la forma que nuestro cerebro tiene de motivarnos a hacer algo. En realidad, se trata de una función adaptativa relacionada con las necesidades primarias. Así, cuando tenemos hambre y comemos o tenemos sed y bebemos el circuito se acciona y produce la “hormona del placer” o dopamina: nuestra recompensa.

Sin embargo, este mecanismo relacionado con la supervivencia, también es el que se activa al consumir drogas o realizar acciones adictivas. Lo que sucede a nivel cerebral es que estas conductas dependientes activan el núcleo accumebns, centro fundamental en el circuito de recompensa. Cuando este se excita aumenta la capacidad de producir dopamina y, por tanto, libera mayores cantidades de esta hormona.

Además, el núcleo accumbens está conectado con el hipocampo, estructura cerebral encargada de la memoria y la generación de los recuerdos. Así, al liberarse dopamina, el hipocampo relaciona el placer con el consumo de una sustancia o la consecución de una acción y lo memoriza.

Aquí es donde comienza la adicción, pues recordamos el placer obtenido y nuestro cerebro quiere volver a experimentarlo. Es entonces cuando se activa la corteza prefrontal, zona encargada de la toma de decisiones. Esta estructura cerebral se encargará de hacer desaparecer el “mono” realizando las acciones necesarias para producir dopamina y satisfacer el placer.

Existe un último núcleo cerebral asociado a la adicción: la amígdala. Esta se relaciona estrechamente con las emociones. Así, ante cualquier situación crea una respuesta emocional a nivel fisiológico que, posteriormente, conlleva una respuesta conductual. Podemos ilustrar esto con un ejemplo: si alguien está intentando dejar de fumar y ve a alguien encenderse un cigarrillo aparecerán las ganas de fumar. Esta es la respuesta emocional activada por la amígdala.

Adicción a las redes sociales

En este vídeo de la Hiperactina podemos entender cómo funciona el circuito de recompensa en un ejemplo concreto: la adicción a las redes sociales.

Síndrome de abstinencia

Aparte de la adicción, existe otra problemática que llega a la hora de intentar dejar estas sustancias o conductas que crean dependencia. Hablamos del síndrome de abstinencia.

Como hemos mencionado antes, los comportamientos adictivos generan niveles de dopamina mucho más altos que los habituales. Por tanto, nuestro cerebro se adapta a un nuevo equilibrio donde se necesita una gran cantidad de esta hormona. Al suprimir la sustancia o la acción que mantenía estos niveles de dopamina, el equilibrio de nuestro cuerpo se desregula. Ante esta pérdida del equilibrio comienzan a aparecer los síntomas asociados al síndrome de abstinencia tales como ansiedad, nerviosismo, depresión, irritabilidad, dificultad para concentrarse, insomnio, cefaleas o mareos.

Por ello, los profesionales de la salud desaconsejan eliminar estas sustancias o conductas de manera abrupta. Recomiendan una retirada progresiva y controlada de forma que nuestro organismo pueda recuperar un equilibrio normal y se acostumbre a no depender de estas sustancias o comportamientos.  

Alcohol

¿Cuál crees que es la droga más adictiva? Probablemente respondas la heroína o la cocaína y tendrías razón. Pero seguramente no hayas pensado en el alcohol como respuesta.

Quizás pienses que el alcohol no es tan peligroso como otras sustancias adictivas. Pero la verdad es que la dependencia al alcohol puede afectar a la persona en el plano físico, psicológico y social de manera muy grave. Además, a pesar de que el alcohol no es la sustancia más adictiva, sí es la droga más aceptada socialmente. Y precisamente esto es lo que lo hace tan peligroso; lo extendido que está su consumo. Te lo mostramos en la siguiente infografía:

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