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La microbiota, nuestro segundo cerebro

¿Cuántas veces habremos escuchado el dicho “somos lo que comemos”? Me gustaría hacer una aportación a la frase: “somos lo que comemos y lo que nuestras bacterias quieren que seamos”.

Nuestros intestinos están formados por un conjunto de millones de microorganismos de origen bacteriano que conviven de manera simbiótica con nuestro organismo. A este conjunto lo llamamos microbiota o flora intestinal. 

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Imagen de microbiota en el interior de intestino. Fuente: gutmicrobiotaforhealth.com

En los últimos años se ha despertado un interés especial en la conexión que existe entre el sistema nervioso central (SNC) y el tracto gastrointestinal. A esta conexión la han nombrado eje intestino-cerebro, pero debido al importante papel que juega la microbiota en esta comunicación se ha actualizado el término a microbiota-intestino-cerebro.

Entre las principales vías de comunicación de esta “autopista de información” en la que tan activamente participa la microbiota se puede destacar el nervio vago, algunos neurotransmisores sintetizados en los intestinos, metabolitos, vitaminas, nutrientes esenciales.

La serotonina, por ejemplo, o la famosa molécula de la felicidad, es producida en un 90% en el intestino y su producción está regulada por la microbiota.

¿Pero, cómo es esto posible si la serotonina no atraviesa la barrera hematoencefálica (barrera altamente selectiva del sistema nervioso central)? Pues bien, la microbiota actúa a nivel de precursores y transportadores de la serotonina. El triptófano, obtenido directamente de lo que comemos, es uno de estos precursores. Su conversión a serotonina está mediada por enzimas reguladas por la microbiota.  

Por otro lado, algunas de estas bacterias contienen la enzima encargada de transformar el glutamato obtenido de ciertos alimentos a GABA, un neurotransmisor fundamental para la modulación del comportamiento.

Estos dos neurotransmisores, son dos ejemplos de vías de comunicación entre el sistema nervioso central y el sistema nervioso entérico. A través de mecanismos muy diversos la flora intestinal es capaz de regular el sistema inmune, la barrera intestinal e incluso nuestro comportamiento. Muchos estudios demuestran la existencia de una microbiota intestinal alterada en pacientes con depresión.

De hecho, uno de los campos que últimamente despierta especial interés es el de la relación entre las enfermedades mentales y neurodegenerativas y su relación con el famoso eje microbiota-intestino-cerebro.

Es importante conocer nuestra microbiota intestinal y todo lo bueno que hace por nosotras cuando la cuidamos bien. En esta infografía se explica brevemente lo contado anteriormente, pero os animo a indagar más! Larga vida a nuestros bichitos intestinales!

Diseño de Irene Romany

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